¿Eres demasiado mayor para aprender inglés?

Aprende inglés a tu manera
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De pequeños aprendemos rapidísimo. Pero con los años, la cosa cambia. Parece que nos cuesta más aprender (o eso dicen).

¿Piensas que a tu edad ya no puedes aprender inglés?

En el segundo episodio de Aprende inglés a tu manera derribamos mitos sobre el aprendizaje de idiomas.

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¿De qué va este podcast?

Lo más destacado

APRENDE INGLÉS A TU MANERA (con Blanca Gallego)

Episodio 02 – ¿Eres demasiado mayor para aprender inglés?

[Tic, tac, tic, tac…]

¡Cómo pasa el tiempo!

Hace dos días estabas en el instituto con tu amigo y ahora… míralo, trabajando en una multinacional… 

Si es que siempre habló inglés superbien…

Pero claro, de pequeño siempre estuvo en academias… 

Y hasta fue a campamentos de esos en los que hablan solo en inglés.

¡Así cualquiera! ¿Verdad?

Tú, ¿cuántos tienes ya? ¿30? ¿40? ¿50 años?

El cerebro no te da más de sí.

O eso es lo que te repites cada vez que surge el tema.

¿Y si te equivocas?

Quédate y resolveré esa duda que siempre va contigo: ¿Eres demasiado mayor para aprender inglés?

Bienvenidos a Aprende inglés a tu manera, un podcast de Blanca Gallego donde descubrirás cómo hackear tu mente para que el inglés deje de ser un lastre y te ayude por fin a alcanzar tus metas.

Hello! ¿Cómo estás?

Te doy la bienvenida al segundo episodio de APRENDE INGLÉS A TU MANERA.

Yo soy Blanca Gallego. Profesora de inglés y neurolanguage coachⓇ. 

Que, como ya te comenté en el primer episodio, básicamente quiere decir que soy experta en aplicar la neurociencia y las técnicas de coaching a la enseñanza de idiomas. 

En ese primer encuentro hablamos de que, aunque pensemos que no es posible, cualquiera puede aprender inglés con el método adecuado. 

Y eso tiene mucho que ver con el tema de hoy. 

Porque a menudo pensamos que lo que nos incapacita para hablar idiomas es nuestra edad. 

Y tiene cierto sentido. 

Es decir, de niños aprendemos superrápido. 

Luego crecemos, vamos perdiendo neuronas y cada vez nos cuesta más. 

Vamos, que por mucho que te lo propongas, nunca vas a conseguir hablar inglés. 

¿Has pensado todo esto alguna vez?

Pues tengo una buena noticia:

¡Es un mito!

Sí, exactamente, ¡un mito!

Y ahora mismo vamos a destruir el number one de los mitos.

Eso de que a partir de cierta edad empezamos a perder neuronas…

¡¡Es falso!! 

La neurociencia ya ha confirmado que el cerebro tiene la cualidad de la neuroplasticidad.

Y supongo que te preguntarás: ¿y qué es eso?

Bueno, pues que nuestro cerebro tiene la capacidad de regenerarse y cambiar. 

Puede cambiar sus conexiones neuronales y generar sinapsis a lo largo de toda la vida. Y está científicamente probado. 

El cerebro puede generar unas 1400 neuronas nuevas al día.

¡Eso es impresionante!

Por lo tanto, puede aprender a cualquier edad y en cualquier momento.

Y quizás ahora la pregunta sería:

“Pero Blanca, ¿cómo conseguimos cambiar nuestro cerebro?”.

Pues nuestro cerebro solo puede cambiar y aprender si cambiamos nuestras experiencias y si cambiamos nuestros hábitos.  

Eso es en verdad la neuroplasticidad: el cambio funcional de nuestro cerebro en respuesta a nuevas experiencias. A cosas nuevas que estamos experimentando.

Realmente suena fácil, ¿no? Cambias las experiencias y así cambia el cerebro.

Sin embargo, tengo que deciros que en esta historia también hay un villano.

Y te cuento.

Nuestro cerebro tiene una capacidad para el cambio impresionante

Solo le hace falta, por ejemplo, repetir una acción dos veces para que nuestro cerebro empiece a crear conexiones neuronales nuevas.

Pero, y aquí te presento al malo de la película, a nuestro cerebro no le gusta cambiar. No le gusta cambiar porque requiere de más energía para hacerlo.

No le gusta cambiar porque se siente cómodo haciendo lo que ha hecho siempre.

Diríamos que es un poco flojete… ¿Para qué gastar energía, si ya tengo cosas hechas? Sería algo así. 

Es como que recorrer las mismas conexiones neuronales de siempre es más fácil que crear otras nuevas.

En cuanto al aprendizaje del idioma, yo he escuchado muchas veces de boca de mis alumnos:

“Yo es que soy un hombre o una mujer de costumbres”.

Y continúan cosas como: 

“Si no escribo la palabra, no la entiendo”.

O…

“Blanca, enséñame la gramática primero y luego hablamos”.

Y bueno, algunas frases más relacionadas con las metodologías tradicionales, que, como ya mencioné en mi anterior episodio, no suelen funcionar.

Estas palabras que escucho parecen salidas directamente de nuestro cerebro diciendo: “¡No, por favor, no cambies cosas, que estoy muy tranquilo aquí!”

Ahí gritando que no cambiemos…

Y para que entiendas mejor el concepto de lo perezoso que es nuestro cerebro, te pongo un ejemplo más.

Es como si siguiésemos bordeando un río para poder pasar al otro lado, porque es un camino que ya conocemos, en lugar de aventurarnos a construir un puente.

Construir el puente nos requiere más energía. Por supuesto.

Pero no nos damos cuenta de que nos aportará más beneficios a la larga.

Realmente es como una pequeña paradoja: la paradoja de nuestro fantástico cerebro, que cambia fácilmente, pero no le gusta cambiar.

Nuestro cerebro realmente requiere de atención y de suficiente energía para centrarse en lo nuevo y construir los nuevos puentes, podríamos decir, hacia un mayor aprendizaje.

Entonces… recapitulemos un poco, ¿vale?

  1. Nuestro cerebro puede cambiar y regenerarse a cualquier edad.
  2. Nuestro cerebro requiere de nuevas experiencias para cambiar.
  3. Nuestro cerebro tiene su parte villana. Es perezoso y no le gusta el cambio, porque requiere de energía.

Y ahora te pregunto:

Entonces, si no le gusta gastar energía ¿de dónde sacamos la energía para llevar a cabo nuevas experiencias que nos lleven a cambiar, a mejorar nuestro cerebro y a aprender cosas nuevas?

Pues si escuchaste el primer episodio de Aprende inglés a tu manera, seguro que ya sabrás la respuesta.

Exacto, la motivación

La motivación es la fuerza y energía que nos empuja hacia los cambios. No es posible aprender sin motivación. 

Desde que somos pequeños, siempre hay una motivación detrás de cada aprendizaje. Es así. Una motivación detrás de cada aprendizaje.

Cada vez que digo esta frase, la mayoría de mis alumnos me miran de forma escéptica. 

Y si tú has puesto esa cara ahora mismo, te animo a que respondas a las siguientes preguntas conmigo.

¿Por qué aprenden los bebés a hablar? ¿Hay una motivación detrás?

Piénsalo.

Por supuesto que la hay: quieren poder comunicarse con sus seres queridos más próximos, papá y mamá.

Y esa motivación es excelente.

¿Por qué aprenden a andar los bebés? ¿Qué pensáis?

La respuesta está clara, ¿no? 

Porque quiere coger ese jarrón supercaro que tienes encima de la mesita del salón para así metérselo en la boca y poder después tirarlo al suelo. ¿Es así de simpre, verdad?

Y así podríamos seguir a lo largo de toda la vida. Poniendo ejemplos e identificando la motivación que hay detrás.

La motivación es una de las fuerzas, pero hay otra. 

Y otra de las fuerzas que mueve el cambio es la curiosidad por experimentar cosas nuevas.

Si el cambio se produce con experiencias nuevas, la curiosidad nos las pone en bandeja.

¡Qué pena, realmente, que de adultos perdamos la curiosidad por las cosas! 

Cuando empecé a interesarme en la psicoterapia y en la neurociencia, fue uno de los hechos que más me entristeció conocer. 

Todavía recuerdo a mi madre diciéndome: “Cuando eras pequeña, tuviste una racha en la que no hacías más que preguntar: ¿Y por qué? ¿Y por qué? ¿Y para qué? Menos mal que se te pasó pronto, porque no parabas de hablar”.

Y es así la mayoría de veces. Perdemos la curiosidad por las cosas y dejamos de preguntar. Por eso dejamos de aprender. 

La razón de que ralenticemos nuestro aprendizaje no es física. ¡No es culpa de nuestras neuronas! Es culpa (en parte) de nuestra falta de curiosidad por cosas nuevas y enriquecedoras cuando crecemos.

Así que, bueno, sería excelente que recuperases esa curiosidad. 

Es cierto que nuestra sociedad no nos pone fácil el seguir siendo curiosos.

Pero bueno, no le echemos la culpa a la sociedad, que la responsabilidad es de cada uno.

Te pregunto: ¿cuándo fue la última vez que sentiste curiosidad por algo nuevo?

¿Cómo fue la experiencia?

¿Buscaste la información que necesitabas?

¿Recordaste la información?

Puedo decir con total certeza que si, llevado por tu curiosidad, buscaste una información en concreto, ahora mismo puedes acordarte de esa información sin problema ninguno.

Te animo a que hagas la prueba.

¿Por qué no pruebas a curiosear sobre otro idioma?

Por ejemplo: ¿Qué te gustaría saber decir en inglés? Búscalo.

                      ¿Cómo se diría en inglés tu palabra favorita?

                      ¿Cuál es el equivalente de tu nombre en inglés?

Curiosea y aprenderás. Te lo garantizo.

Bueno, ya hemos visto que eso de que perdamos neuronas no es cierto.

Y ahora vamos a destrozar el segundo mito:

Los peques aprenden superrápido, sin darse cuenta y con facilidad. Pero de mayor la cosa no es igual, es mucho más difícil.

Bueno, esto que acabas de escuchar, no es del todo cierto. Lo que sí es cierto es que la forma en la que aprendemos es diferente.

Y en esto tiene mucho que ver nuestro cerebro y el punto de desarrollo en el que esté.

Cuando somos pequeños, nuestro cerebro funciona desde el inconsciente

Todavía no tenemos desarrollada la corteza prefrontal, es decir, la parte racional de nuestro cerebro.

Esto no llega a desarrollarse hasta los 7 años, más o menos.

Y hay estudios recientes que indican que su total desarrollo no se consigue hasta pasado los 25. O sea, que atención con esto…

De pequeños el subconsciente adquiere conocimiento por observación. Es decir, todo lo que entra en el cerebro de un pequeño, es aprendido sin filtro racional y almacenado en el inconsciente. 

Por eso, los más peques realmente no pueden racionalizar el hecho de si existen o no, por ejemplo, los Reyes Magos. O si existe o no el Ratoncito Pérez.

Es decir, cualquier información entra sin filtro.

Simplemente, absorben información, llegando a hacer, y esto es un dato curioso, más de 1 millón de conexiones neuronales por segundo. ¡Es impresionante!

Así que los peques aprenderán según experimenten. Si experimentan con idiomas y sonidos diferentes, aprenderán esos idiomas y esos sonidos. 

Además, no pueden desarrollar otras destrezas como la lectura o escritura porque estas destrezas ya requieren de la parte racional del cerebro.

Entonces, en lo que se refiere a idiomas, primero aprenden a escuchar, luego comprenden el mensaje y finalmente lo reproducen en el oral. 

La lectura y la escritura llegan mucho más tarde.

¿O acaso no es eso lo que les pasa a los bebés cuando aprenden su lengua materna?

Es el mismo recorrido para cualquier idioma.

Genial, pues. Ya hemos visto por qué los peques son unas esponjitas a las que parece no costarles ni un ápice de esfuerzo aprender otro idioma.

Pero, ¿qué pasa con los adultos?

¿Cómo aprendemos a partir de cierta edad?

Pues, una vez nuestra corteza prefrontal, la parte racional y consciente, está desarrollada, todo cambia un poco.

¿Y por qué? 

Pues porque nuestro cerebro ya no aprende desde el subconsciente, sino que necesita racionalizarlo todo para poder entenderlo y así almacenarlo.

Ahora ya tenemos desarrolladas miles de lo que yo llamo “casillas mentales” donde se almacena todo lo que hemos ido aprendiendo.

Y, como ya te comenté antes, a nuestro cerebro no le gusta cambiar, es perezoso.

Entonces, cuando recibe información nueva, lo primero que hace es comparar y ver si puede encasillar esa información dentro de una de las casillas mentales ya almacenadas. Así no gasta más energía y se ahorra el esfuerzo.

Si llevamos esto al terreno del aprendizaje del idioma, el proceso es el siguiente:

Primero, escuchamos una construcción nueva. 

Segundo, nuestro cerebro busca esa información en una de nuestras casillas.

Si encuentra algo parecido, meterá la información en esa casilla. Eso es lo que pasa con los false friends o falsos amigos. Palabras que se parecen a otra española, pero significan otra cosa. 

Por ejemplo, constipated, que pensamos que es constipado, de resfriado, cuando en realidad es estreñido. Ahí hay una diferencia, pero claro, nuestro cerebro nos ha jugado una mala pasada. Esa palabra que se parece a una palabra de nuestra lengua materna va y la encasilla en la cajita de constipado.

También puede ocurrir que el cerebro busque la información nueva en las casillas mentales y no encuentre nada. Entonces, tiene que racionalizar y hacer una conexión con algo parecido que sí que conozca en su idioma materno. 

Por ejemplo, si la construcción nueva es I am playing, el cerebro piensa: Vale, eso es Yo estoy jugando. El verbo ser + gerundio.

Una vez racionaliza la información por asimilación, es decir, encuentra el equivalente en la lengua materna, el cerebro hace la conexión neuronal y, de esta forma, aprende.

Curioso todo este sistema, ¿verdad?

Es cierto que para nuestro cerebro, esta forma de aprender desde lo racional puede ser un poco más agotadora. Le requiere más energía. 

Pero no quiere decir que sea menos efectiva. Simplemente es diferente a la de los peques.

¿Qué sería lo ideal?

Pues poder combinar las dos formas de aprendizaje.

¿Y es posible eso cuando somos adultos?

Por supuestísimo que sí. 

Es lo que pasa cuando somos adultos y por ejemplo nos vamos a vivir a otro país. Acabamos aprendiendo desde el inconsciente, porque sin necesidad de libros, solo con la experiencia de la comunicación con otras personas, empezamos a asimilar cosas sin darnos cuenta, desde el inconsciente, ¿no? Simplemente porque estamos experimentando cosas nuevas.

Y también pasa cuando estamos “en onda”. Lo que yo llamo estar en onda. Pero de ondas cerebrales y el perfecto estado de aprendizaje te hablaré otro día.

Resumiendo: ¿Qué hemos aprendido hoy?

  1. Nuestro cerebro puede cambiar y regenerarse a cualquier edad.
  2. Para que se produzcan esos cambios, nuestro cerebro necesita nuevas experiencias.
  3. Nuestro cerebro tiene su parte villana, su parte malilla. No le gusta el cambio porque requiere de energía y es perezoso.
  4. Para mover al cerebro y hacerlo salir de su estado de pereza, necesitamos motivación y curiosidad.
  5. Los peques y los adultos aprenden de forma diferente. Ni mejor ni peor.
  6. Lo ideal es combinar las dos formas de aprendizaje.

Bueno, ¿qué tal? Creo que, con todo lo que te he contado, tienes ya la respuesta a la pregunta que te planteaba al principio: 

¿Eres demasiado mayor para aprender inglés?

Claramente, no.

¡Nunca se es demasiado mayor para aprender!

Bueno, se acaba el tiempo…

Te espero la semana que viene con más trucos y consejos para superar barreras y aprender inglés de una vez por todas. 

Recuerda que también puedes encontrar mucha información interesante en mis redes sociales. Y ya sabes que puedes encontrarme en Instagram y Facebook como blancagallegocoach.

Y si te ha gustado, por favor, comparte.

Te espero en el próximo episodio. Hasta entonces, recuerda: el inglés sí es lo tuyo.

Bye bye!

Te toca:

Cuéntame, ¿tú también pensabas que lo de aprender idiomas tiene una edad? ¿Has derribado algún mito conmigo?

Deja tu respuesta en comentarios. 😉

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